Mantener en forma las velas permitirá aumentar el rendimiento y su vida útil. Son la parte más importante y castigada de un velero; más aun si no tenemos en cuenta un cuidado mínimo para retardar su envejecimiento.

 

velas

Observar las velas contra el sol nos permite identificar puntos de desgaste. Foto: Rupert Holmes.



 

Lamentablemente no es el uso excesivo la principal causa de rotura en las velas. Suele ser el maltrato o la falta de mantenimiento de las velas que produce fallos que debilitan las telas o costuras y facilitan las roturas; casi siempre en el momento menos oportuno. La previsión es, posiblemente, la mayor virtud de una persona de mar. Sin llegar al estrés o la obsesión, digamos… de vez en cuando, será bien recibido por nuestras velas que las recorramos visualmente, con detalle en las costuras, puños, etc. Pero es aun más importante el momento en que están trabajando, el momento de esfuerzo. Las velas ya no son un triángulo de tela, están pensadas y concebidas para determinados esfuerzos en determinados ángulos. Trimar de forma incorrecta una vela es maltratarla, es como cuando hacemos un mal esfuerzo y nos duele. Los tejidos, las fibras sufren, se desgastan y la vela pierde forma y efectividad.

 

Barcos a vela clásicos

Afortunadamente el número de velas se ha reducido de forma importante. Foto: Diego Yriarte.



 

Sin lugar a dudas quienes más saben de este tipo de desgaste son las velerías que se dedican a las reparaciones. Son quienes realmente conocen el desgaste que produce el tiempo o la negligencia. Bora Sails es una de estas velerías. Tiene su base en el puerto Deportivo de Marina del Este, en Granada por lo que; además de las roturas habituales, la acción del sol es el mayor causante de deterioro.

En una charla distendida, Mónica Díaz logró describir con precisión algo que yo definiría como historia clínica general de los casos que atienden, considerando todas las esloras, de vela ligera hasta a grandes esloras y una gran variedad de público.

 

Diego Yriarte: ¿Cuándo se desgastan más las velas?

Mónica Díaz: Cuando un barco navega sobrevelado y la mayor o la baluma flamean, se produce un desgaste elevadísimo. Lo fundamental es trimar bien las velas y achicar a tiempo.

A estas latitudes, el sol del Mediterráneo ataca inclemente por lo que hemos de estar siempre muy atentos a la protección UV que llevan las velas de enrollar, o la funda de la mayor. “Antes eran muy habituales las roturas en las costuras, pero actualmente utilizamos un hilo que es muy resistente tanto a la sal como a los rayos UV.

 

DY: ¿Qué podemos hacer para protegerlas del sol?

MD: En realidad, lo ideal sería arriar y guardar las velas, pero dependerá en gran parte si navegamos en forma asidua o no y, en caso de no navegar en temporada baja es imprescindible quitar las velas, plegarlas o enrollarlas según corresponda.

vela con protección UV

La protección UV de color blanco es más duradera, pero igual acaba deteriorándose. Foto: Mónica Díaz.



 

En el caso del plegado deberíamos evitar hacer siempre los mismos pliegues; aunque, si tenemos espacio para guardarlas enrolladas, siempre es mejor. Hemos de guardarlas en un sitio seco pues la humedad es otro de los grandes enemigos. Si bien es muy importante aclarar con agua dulce las velas, también lo es el dejarlas secar correctamente. Una vela con hongos genera varios inconvenientes: Los hilos de las costuras se deterioran, el olor a humedad se traslada al barco y estéticamente es muy desagradable. Si intentamos limpiar las manchas de humedad podemos tener un problema mayor; pues, según qué elementos químicos utilicemos podemos dañar costuras y telas, aunque a simple vista no lo parezca, cuando la vela trabaja el material no resiste lo suficiente y comienza a romperse. Evidentemente, esto no ocurrirá en plena calma y con el mar como un plato…

 

DY: ¿Cómo podemos prevenir los efectos del rozamiento?

El rozamiento es otra de las habituales causas de desgaste. Hemos de tener en cuenta en los diferentes rumbos en los que podamos utilizar una vela en qué partes pueda rozar. Por lo general, los génovas suelen rozar en los candeleros o engancharse en el momento de virar por lo que debemos proteger por un lado la vela con un parche y por otro; por ejemplo, colocar una ruedecilla ad–hoc en el guardamancebo que permite que el faldón del génova entre sin engancharse. Las crucetas es otro de los puntos de fricción, no solo con el Génova, también es habitual enganchar el spinnaker, sobretodo en la maniobra de arriada y más aun en barcos de regata en los que las maniobras han de realizarse lo más rápido posible.

velería reparación de velas

Las reparaciones requieren de mano de obra especializada. Foto: Mónica Díaz.



 

DY: ¿Cuál es la rotura más habitual?

MD: La mayor parte de las reparaciones son por el desgaste producido por el sol y cuando no, por error. Muchas veces nos traen velas en las que se ha roto el puño por pasarse de tensión de escota o de driza. En algunos casos el deterioro es tal que es necesario cambiar el puño entero y agregar alguna pieza rígida en el tope o una arandela en la amura o la escota reforzando con costuras las líneas de fuerza de la vela. Otra rotura habitual es la de las cremalleras de las bolsas de velas de proa o de la mayor y el sistema de Lazy Jack. Por lo general, al no poner el barco correctamente proa al viento a la hora de arriar hace que los sables se enganchen o que la vela caiga de costado con todo su peso sobre el sistema de cabos que debería guiarla paralela a la botavara.”

 

puño de escota

En ocasiones es necesario cambiar y reforzar el puño de escota. Foto: Mónica Díaz.



 

DY¿Cuál es la mejor recomendación que nos puedas dar?

MD: Llevar un kit de reparación a bordo es imprescindible. Puede ser muy básico y solo estar compuesto por cintas autoadhesivas de Dacron o Kevlar, pero también es importante llevar hilo encerado y aguja, puede sacarnos de más de un apuro. Si por algún motivo una vela comienza a romperse, con un parche autoadhesivo podemos evitar que vaya a mayores, principalmente en los spinnakers donde la tensión hace que un pequeño orificio se convierta rápidamente en una rifadura que parte la vela en dos.

 

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