Por: Eli Galvez

Nunca fue fácil grabar en el mar, menos aún en condiciones extremas y a bordo de un barco de alta competición; y si a eso le sumamos que el resultado debe ser una película de ficción, la complicación es todavía mayor. En los últimos meses las historias cinematográficas de navegantes aventureros están a la orden del día. Desde Estados Unidos llega un film protagonizado por Robert Redford (‘Cuando Todo Está Perdido’) y en el panorama europeo  François Cluzet (protagonista de la exitosa ‘Intocable’) ha subido a bordo de un IMOCA OPEN 60. Alex Pella, uno de los navegantes con más experiencia en vela océanica en nuestro país fue uno de los artífices de este último filme, que por primera vez da visibilidad a nivel mundial a una de las regatas más duras del mundo, la Vendée Globe.

 


 

La película cuenta la historia de Yann Kermadec, un regatista que en el último momento sustituye a su cuñado y ganador de la anterior edición consiguiendo así su oportunidad de dar la vuelta al mundo, sin escalas y en solitario.

Boats.com:¿Cómo surgió el proyecto ‘En Solitario’?

Alex Pella: Con una llamada de Denis Horeau, director de la Vendée Globe y también de la Barcelona World Race, un domingo que yo estaba haciendo una paella con mi familia. Tanto Denis como yo estábamos alucinados. Era un proyecto muy importante y distinto a todo lo que se había hecho hasta entonces para la difusión de la vela oceánica y para la clase IMOCA. Luego nos reunimos en Barcelona con Manuel Monzón, productor español, y Pascal Bonnet, productor ejecutivo, y más tarde en París, donde conocí a Christophe Offenstein, director de la película. Esto fue en 2012 y en esos momentos el único compromiso profesional que yo tenía era con Kito de Pavant y el Groupe Bel. Él estaba preparando la Vendée Globe y yo era su patrón suplente.

Alex Pella en el rodaje de la película En Solitario

Alex Pella durante el rodaje de 'En Solitario' a bordo del IMOCA 60. En el centro, el director francés Christophe Offenstein  (Foto: Yann Riou)



Al principio se planteó rodar todo a través de una maqueta y en un decorado, pero Christophe tuvo claro desde el primer momento que se tenía que rodar en condiciones reales. El segundo día de reunión vino Denis Horeau y decidimos el timing de rodaje y  las localizaciones en la Bretaña francesa y Canarias, además de coordinar todo lo relativo al IMOCA DCNS, que se usaría para el rodaje. Otro aspecto muy importante fue el rodaje en Les Sables-d’Olonne (Francia) durante la Vendée Globe, tema difícil porque en esas fechas es un lugar que está saturado de gente y la logística es muy complicada.

B: ¿Cuál fue su rol en el equipo?

AP: El asesor de náutica de la película era Denis Horeau. El primer contacto de la productora fue con la organización de la Vendée Globe y ellos pusieron todas las facilidades y a Denis como encargado. Mi papel era más técnico. Yo decidía como organizar la gente y el material en el barco, las salidas diarias, los barcos de apoyo, las zonas de navegación, los límites de viento y ola, los lugares de las bases en Canarias y Lorient, amarres…

B: ¿Cómo se organizó el rodaje?

AP: Ellos estaban acostumbrados a rodar en estudio, con decorados, y se organizaban en función de la disponibilidad de los actores, técnicos, material, etc. pero nunca en función de la meteorología. Cuando salíamos me pedían cosas como: “necesitamos que haga sol y navegar en popa con spi”, y teníamos 25 nudos de viento y estábamos en la Bretaña en el mes de Noviembre. Mi respuesta era: “para hacer popa primero tenemos que ceñir durante 2 horas contra una ola de 2 metros y somos 18 en el barco”. A los 10 minutos de ceñir había 10 personas vomitando.

Tuvimos un gabinete de crisis, ya que la gente del equipo se había puesto enferma y se habían roto dos cámaras de 250 mil euros cada una. En ese momento entendieron que estaban rodando en el mar y, lo más importante, sobre un barco que es un Fórmula 1. Después de esta reunión de crisis el timing se configuró en función de la meteorología. Cada día salíamos 9 horas al agua, que equivalían a un minuto de película. Hicimos 65 salidas. Salíamos 18 personas a bordo y dos lanchas de apoyo con 8 ó 10 personas más. Las condiciones máximas estaban en 30 nudos de viento y 3 metros de ola. Teníamos una gran presión de presupuesto, ya que cada día que salíamos eran 100.000 euros y si no se rodaba, se perdían.

Al final, creo que uno de los éxitos de la película es que se rodó en el barco y en condiciones reales. Cuando ves a los actores en el barco, como se mueven, como se agarran, como se mueven las cosas en el barco, como François pone el café encima de la mesa de cartas, casi se le cae y se lo tiene que poner entre medio de las piernas - cuando se tumba en el puff se tumba según la escora del barco...

En Solitário, rodaje de la película a bordo de IMOCA 60

Un día de rodaje. Al lado derecho, el actor francés y protagonista de 'En Solitário', François Cluzet (Foto: Yann Riou)



B: ¿Cómo fue el rodaje en les Sables-d’Olonne?

AP: Los días de rodaje en les Sables-d’Olonne para las escenas de la llegada y la salida tuvieron una presión añadida, ya que no sabíamos qué condiciones nos encontraríamos. En esa época del año y en esa zona puedes encontrarte perfectamente 40 nudos de viento o 3 ó 4 metros de ola. Necesitábamos grabar esos días, ya que teníamos el público, las lanchas, etc..

B: ¿Dónde se rodaron las imágenes del océano Sur?

AP: En la costa de la Bretaña francesa, entre octubre y noviembre. Estábamos en Lorient, en la base de Groupama. En la película sale como el PC Course o centro de operaciones de la regata. Otra de las dificultades fue que es una película de mar adentro, pero todos los días volvíamos a casa. Esto provocaba mucha veces problemas de continuidad, ya que si por ejemplo gravábamos un plano amurados a babor en el próximo no podíamos ir amurados a estribor, pero a la vez por viento o para que no se viese tierra, no podíamos cambiar.

B: ¿Cómo fue el trato con el equipo de rodaje?

AP: El trato fue muy bueno. Era gente con experiencia en este tipo de rodajes más sport. Me gustó su método de trabajo. Era una estructura bastante piramidal donde el director decide y todos le siguen. Es bastante parecido a un barco. A pesar de esta estructura, el director siempre estaba abierto a propuestas de cualquier persona del equipo. Éramos un equipo bastante reducido. Trabajamos muy cómodos a pesar de que no estuvieran acostumbrados a convivir en un ambiente tan pequeño y durante tantas horas al día.

Christophe Offenstein es un director muy cañero y duro y esto facilitó el trabajo.

B: ¿Cómo fue trabajar con François Cluzet, el protagonista?

AP: Como persona es un 10: un hombre muy discreto, muy educado y con mucho criterio. Personalmente tuve mucho feeling con él, y en situaciones comprometidas siempre me consultaba y se adaptaba. Fue el único que no se mareó. Es un gran actor y un súper profesional. No es una persona muy deportista y no se preparó el papel de manera física. Toda su fuerza estaba en la mirada y en los gestos. Él se aislaba totalmente. Desaparecía en el barco, se tumbaba en una de las literas y ahí se concentraba y se preparaba cada escena. En cada momento sabía lo que tenía que hacer, y si había algún gesto marinero o alguna cosa técnica me consultaba como hacerlo.

Alex Pella entre el equipo de rodaje (Foto: Yann Riou)

Alex Pella entre el equipo de rodaje (Foto: Yann Riou)



B: Escoja una escena de la película.

AP: Me quedaría con la escena de la llegada a Les Sables-d’Olonne, sin duda. Las imágenes son muy bonitas y es el momento más emotivo de la película. Había 3000 extras, 4 helicópteros y 80 barcos alrededor, en un lugar donde solamente teníamos 45 minutos para rodar debido a la marea. Lo hicimos 8 veces. Fue difícil mantener la emoción. Para reunir los 3.000 extras se hizo un anuncio en la prensa y la gente respondió muy bien. Por ejemplo, los carteles de bienvenida de la entrada del espigón que se ven en la película son totalmente espontáneos.

B: ¿Cómo ves el producto final?

AP: La película me gusta mucho. He oído críticas de todo tipo pero hay que entender que es una historia que sucede durante la Vendée Globe, no un documental sobre la Vendée Globe. Me  llamó Michel Desjoyeaux para felicitarme y esto significa que incluso la gente del mundo de la vela ha entendido cuál era el objetivo.  Es una película para el gran público, se ha vendido a 100 países del mundo, estará en Internet en breve, es el proyecto IMOCA más mediático y se ha de entender de esta manera.

B: Y después de su paso por el cine, ¿cuáles son sus próximos proyectos?

AP: Después de esta experiencia cinematográfica que terminó hace un año, estuve navegando en el trimarán de 80 pies “Prince de Bretagne”,  lo cual fue una experiencia también increíble. Después estuve navegando con el class 40 de Gonzalo Botín, Tales2, algunas regatas como la Transat Jacques Vabre. Se trata de un proyecto muy ilusionante y completamente español pensado para ganar regatas de manera internacional. La próxima regata prevista es la Route du Rhum. Después también me gustaría volver a hacer la Barcelona World Race, para volver a la clase IMOCA y porque es una regata que sale y llega a mi ciudad. Sólo espero poder conseguir financiación para estar ahí.

 

 

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